Tratamiento del trastorno bipolar en Barcelona

El trastorno bipolar no es solo tener cambios de humor. Es
un trastorno que provoca alteraciones intensas en el
estado de ánimo, la energía y el comportamiento.

Si pasas por fases de euforia o gran energía seguidas de
momentos de bajón profundo, es importante entender qué
te está pasando y ponerle solución.

En nuestro centro en Barcelona, abordamos el trastorno bipolar desde un enfoque integral, combinando psicología y psiquiatría para ayudarte a estabilizar tu estado emocional.

El trastorno bipolar es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la alternancia entre episodios de:

  • Manía o hipomanía (euforia, hiperactividad, impulsividad).
  • Depresión (tristeza, apatía, falta de energía).

Estos cambios no son puntuales ni leves, sino que afectan de forma significativa a la vida personal, social y laboral.

Sin tratamiento, suele ser un trastorno recurrente.

Los síntomas varían según la fase en la que se encuentre la persona:

Durante episodios de manía o hipomanía:

  • Sensación de euforia o exceso de energía.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Pensamientos acelerados.
  • Conductas impulsivas (gastos, decisiones arriesgadas).
  • Aumento de la autoestima o sensación de grandiosidad.
  • Hablar más rápido de lo habitual.

Durante episodios depresivos:

  • Tristeza profunda o vacío emocional
  • Cansancio constante
  • Pérdida de interés por actividades
  • Problemas de sueño
  • Dificultad para concentrarse
  • Baja autoestima

Si te identificas con estos cambios, es importante valorarlo cuanto antes.

No hay una única causa. Suele ser una combinación de factores:

  • Factores biológicos y genéticos.
  • Alteraciones en la regulación del estado de ánimo.
  • Situaciones de estrés o cambios importantes.
  • Historia personal o familiar.

Por eso es fundamental hacer un diagnóstico preciso y diferenciarlo de otros trastornos como la depresión o la ansiedad.

Nuestro enfoque en la consulta es claro: entender tu caso y aplicar el tratamiento adecuado.

Trabajamos en tres niveles:

  • Evaluación y diagnóstico preciso: Realizamos una valoración completa para identificar el tipo de trastorno bipolar y su evolución.
  • Terapia psicológica: Te ayudamos a entender el trastorno, detectar señales de alerta y mejorar la gestión emocional en el día a día.
  • Tratamiento psicofarmacológico (si es necesario): En la mayoría de los casos, la medicación es clave para estabilizar el estado de ánimo y prevenir recaídas.

Empieza a sentirte mejor

El trastorno bipolar se puede tratar y estabilizar, pero es importante dar el paso.

Si estás en Barcelona y crees que puedes estar pasando por un trastorno bipolar, podemos
ayudarte.

Solicita tu primera visita y empieza a encontrarte mejor

    Nombre (requerido)

    Correo electrónico (requerido)

    Teléfono (requerido)

    Motivo de la visita

    He leído y acepto la política de privacidad y el aviso legal

    Primera visita en un màximo de 48 horas​
    Entendemos que cuando necesitas nuestros servicios, hay muchas veces que es por una
    urgencia. Por ello, si es tu primera visita, te damos prioridad en nuestra agenda y te
    visitamos en un máximo de 48 horas.​

    Preguntas frecuentes

    En absoluto, o al menos no, con solo esos datos. El Trastorno Bipolar consiste en la presentación alterna de fases depresivas con otras fases de exaltación del estado de ánimo, que llamamos “manía” o “hipomanía”, según la intensidad.
    No hablamos de imperfección en el carácter, de volubilidad o de situaciones de debilidad personal, sino de una afección grave de la salud.
    El Trastorno Bipolar es una enfermedad en la que están afectados los mecanismos de bioquímica cerebral que regulan las emociones y el estado de ánimo. Puede afectar al 2% de la población, no habiendo diferencia entre hombres y mujeres en cuanto al número de casos.
    Con el estado actual de conocimientos el Trastorno Bipolar no es una enfermedad curable (es decir que desaparezca la enfermedad con un tratamiento).
    Sin embargo, los tratamientos actuales si pueden conseguir una compensación clínica completa (que no se presenten nuevas fases ni depresivas ni maniformes) o cuando menos una disminución en la frecuencia e intensidad de los síntomas.
    Un paciente que sufra un Trastorno Bipolar, puede, con el tratamiento adecuado, llevar una vida totalmente normal.
    Ello no contradice que algunos casos dicho objetivo no se consiga totalmente, o bien por determinadas características clínicas, complicaciones como situaciones de adicción, o bien aspectos psicosociales, que dificulten la total compensación del cuadro.
    El Trastorno Bipolar tiene un tratamiento psicofarmacológico fundamental, pero sin olvidar que precisa también un soporte en cuanto a aspectos psicológicos y psicoeducativos, tanto para el paciente como para su entorno, para afrontar las dificultades que conlleva sufrir esta enfermedad.
    No, esta es una confusión frecuente. Las sales de litio son un tratamiento muy eficaz para la prevención de presentación de fases en el Trastorno Bipolar, y también como tratamiento de las fases maniformes.
    Es decir, el Trastorno Bipolar se trata con litio, no está producido por falta de litio, de la misma forma que la cefalea no está producida por un “déficit de paracetamol o de aspirina”.
    Si un paciente con Trastorno Bipolar recibe sales de litio como tratamiento, se determina la concentración del mismo (litemia) ya que la dosis que precisa cada persona es diferente, y dependerá de factores como la edad, el sexo, la masa muscular o el volumen de distribución, el funcionamiento renal, la sudoración entre otros.
    Con la determinación de la litemia se controlan los valores del ion litio en sangre, lo que permite ajustar la dosis personalizándola; los niveles excesivamente bajos no son eficaces mientras que los niveles muy altos pueden resultar tóxicos.
    La manía consiste en una elevación anómala del estado anímico, que constituye una de las fases (la opuesta a la depresión) del Trastorno Bipolar.
    No debe confundirse la manía o un estado maníaco con algunos rasgos obsesivos (conductas reiterativas o preocupaciones repetidas) como la obsesión por el orden y la limpieza (“es un maniático del orden”) o términos como piromanía (que es un trastorno psicológico del control de los impulsos que produce un gran interés por el fuego y su provocación), cleptomanía (también es un trastorno del control de los que lleva al robo compulsivo de cosas).
    El riesgo que cualquier persona tiene de tener un hijo con Trastorno Bipolar es alrededor de un 1%, este riesgo se eleva cuando uno de los padres sufre de un Trastorno Bipolar hasta el 6-8% según estudios. Cuando ambos padres lo sufren, la probabilidad de que el hijo lo herede aumenta hasta el 16%.
    En general, no se desaconseja tener descendencia a las personas que sufren Trastorno Bipolar, ya que la enfermedad puede controlarse y el riesgo estadístico se considera bajo.
    No, según la presentación y la intensidad de las fases, se consideran diferentes subtipos:
    – Tipo I: se trata de la forma clásica, con fase maníacas intensas y cuadros depresivos, también intensos. En las fases maníacas la grandiosidad es tal que pueden aparecer delirios (por ejemplo, creer que se poseen poderes especiales). En las fases depresivas existe tristeza intensa, apatía, lentitud de movimientos, ansiedad, insomnio y pérdida del apetito; en estas también pueden aparecer síntomas psicóticos pero en forma de delirios de culpa, ruina o hipocondría.
    – Tipo II: se caracteriza por depresiones intensas y fases de euforia moderadas que se denominan hipomanía. Pueden aparecer síntomas psicóticos pero tienen que estar asociados a las fases depresivas. Las fases de euforia moderadas a veces parecen un cambio temperamental o de carácter.
    Para complicarlo más en un 30% de las personas que tienen un Trastorno Bipolar los síntomas característicos de la manía y la depresión aparecen mezclados; estas fases se denominan fases mixtas.
    Por últimos en función del número de fases que aparezcan se habla de ciclación rápida, si han acaecido cuatro o más fases en el período de un año.

    Estoy triste y no se porqué”

    “Todo se me hace una montaña…”

    “Nada me hace gracia, parece que haya perdido la alegría”

    “Me cuesta levantarme de la cama, no tengo energía”

    “Duermo muy mal, me despierto muy tremprano y con un gran sobresalto”

    “No solo estoy triste sino también de malhumor, no aguanto nada”

    “No se como no me han despedido del trabajo… con lo que me cuesta concentrarme”

    “Tengo la autoestima por los suelos… pero en realidad es que no valgo nada”

    “No me apetece estar con nadie, ni con las personas que más quiero”

    “La vida no tiene sentido, ojalá pudiera acabar con todo”

    “Lloro por cualquier cosa… y no me alivia llorar”

    “Por la mañana estoy fatal, nada más despertarme noto mucha angustia”

    La tristeza es el estado de ánimo predominante en la depresión. Las personas que manifiestan alguna de estas cosas probablemente estén sufriendo un cuadro depresivo.

    Qué es la depresión

    La depresión es una enfermedad real, muy frecuente e incapacitante. Debería tratarse de forma rápida y eficaz para evitar la cronificación que puede producirse hasta en un 20% de los casos.

    El término médico»depresión» hace referencia a una enfermedad, un trastorno del estado del ánimo que interfiere significativamente en la vida de quién lo padece. No debemos confundirlo con el término coloquial con el que nos referimos a breves estados transitorios de desánimo, más o menos comunes, ante los estresores cotidianos.

    Síntomas

    Aunque los síntomas principales de la depresión son la tristeza y el decaimiento, en algunos casos pueden no estar presentes estos síntomas, ya que la depresión puede expresarse en forma de trastorno cognitivo (p.ej. dificultades para pensar con claridad, concentrarse o memorizar), de trastorno volitivo (p.ej. dificultad para tomar iniciativas o pérdida de interés) o de trastorno somático, que puede afectar a cualquier sistema orgánico (p.ej. colon irritable, taquicardias, dolores musculares o reacciones dermatológicas).

    Los síntomas más comunes de la depresión son:

    • Sentimientos de tristeza.
    • Anhedonia: disminución de la capacidad para disfrutar o mostrar interés o placer en las actividades habituales.
    • Sensación de debilidad física, falta de energía.
    • Insomnio o hipersomnia.
    • Pérdida o aumento del apetito.
    • Enlentecimiento o agitación.
    • Dificultades de concentración y disminución de la capacidad intelectual.
    • Disminución de la sociabilidad.
    • Sentimientos recurrentes de inutilidad o culpa.
    • Dificultad para tomar decisiones y para afrontar la vida cotidiana.
    • Pensamientos recurrentes de que la vida no vale la pena ser vivida o ideas suicidas.

    Tipologías de depresiones

    La clasificación de trastornos psiquiátricos exige, para poder efectuar el diagnóstico, que se presenten al menos cinco de estos síntomas durante un período de, al menos, dos semanas y que la aparición de estos síntomas no sea debida a otra enfermedad psiquiátrica, a consumo de tóxicos o a una reacción de duelo. También es necesario para el diagnóstico que el trastorno interfiera negativamente en el área social, laboral u otras áreas vitales del paciente.

    Existen diferentes tipos de depresión, que responden a causas muy diversas. Así, algunas formas de depresión son de origen genético, lo que implica una predisposición hereditaria a padecer un déficit de algunos neurotransmisores cerebrales, principalmente de serotonina y dopamina. En otros casos es un trastorno orgánico, como una enfermedad hormonal, lo que puede alterar estos mismos neurotransmisores. Otros tipos de depresión tienen su origen en problemas psicológicos, como una baja autoestima o un estilo de pensamiento distorsionado, que sólo deja pasar los estímulos negativos y no aprecia los positivos. Finalmente, otras depresiones tienen su origen en factores del entorno del individuo, que cuando le afectan de forma continuada, acaban por alterar también la neurotransmisión cerebral y desencadenar un cuadro depresivo

    A nivel popular, sólo se «entiende» este último tipo de depresiones: las causadas por un problema objetivo. En realidad, éstas son las menos frecuentes ya que, cuando un problema del entorno nos afecta hasta causarnos una depresión, con toda seguridad interviene otro de los factores causales antes mencionados

    En general, podemos decir que las depresiones ocurren por la interacción entre factores genéticos, psicológicos y ambientales.

    Evaluación y diagnóstico

    Los trastornos depresivos graves afectan aproximadamente a un 3% de la población. El porcentaje es mucho mayor en formas depresivas menos graves. La prevalencia de depresión es casi el doble en la mujer que en el hombre y el riesgo de padecerla aumenta, hasta tres veces respecto a la población general, si se tienen antecedentes familiares de depresión en parientes de primer grado.

    En la actualidad, a pesar de las numerosas investigaciones al respecto, aún no se ha hallado ningún marcador biológico ni ningún parámetro objetivable que diagnostique la depresión de forma fiable. Por ello, el diagnóstico básico es fundamentalmente clínico, obtenido tras una exhaustiva historia clínica y exploración psicopatológica. Deben descartarse siempre enfermedades orgánicas, por lo que debe solicitarse una analítica completa, con perfil hormonal y, si se precisa, pruebas de imagen cerebral (TAC o RM).

    Como ayuda al diagnóstico, puede solicitarse un examen neuropsicológico o determinadas pruebas psicométricas, que nos orientarán sobre el origen del trastorno.

    Tratamiento

    Existen básicamente dos grandes líneas en el tratamiento de la depresión: la farmacológica y la psicológica, ya que otras formas de tratamiento no han establecido suficientemente su eficacia o bien se usan en casos muy minoritarios. Afortunadamente, ambas líneas disponen de un amplio arsenal terapéutico.

    Los antidepresivos actuales, aunque no exentos de posibles efectos secundarios, generalmente leves y transitorios, son fármacos seguros y fiables, siempre que el tratamiento se ajuste de forma individualizada y sea prescrito y controlado por un médico. La psicoterapia de orientación cognitivo conductual proporciona un conjunto de técnicas encaminadas a mejorar las condiciones psicológicas del individuo en el presente y hacia el futuro, de forma relativamente breve y concreta. Los mejores resultados se obtienen combinando ambas formas de tratamiento, aunque debe tenerse en cuenta que los fármacos son más eficaces cuando existe un mayor peso biológico en el origen de la depresión y actúan con menor eficacia cuanto más peso tienen los factores psicológicos y ambientales.

    Naturalmente, lo contrario podemos decir de la psicoterapia, que será más eficaz cuanto menos peso tengan los aspectos biológicos en el trastorno. De la adecuada combinación de fármacos y técnicas psicológicas va a depender el pronóstico de la depresión, que, salvo contadas excepciones, resulta muy positivo.

    Pues sí, la depresión es una enfermedad, ya que así lo considera la Organización Mundial de la Salud. Por si fuera poco, actualmente ya representa la segunda causa de incapacidad en el mundo, según estudios de la propia OMS, y se cree que en 2030 alcanzará el primer puesto.
    Entre el 8 y el 15% de las personas sufrirán de depresión a lo largo de su vida. Esto representa una elevadísima prevalencia y todo un reto para los gestores en salud, debido a las graves repercusiones a medio y largo plazo, tanto individuales, como familiares, laborales y sociales.

    No, lo que llamamos trastornos depresivos son cuadros heterogéneos. Actualmente (criterios DSM.5) se reconocen hasta ocho tipos de trastornos dentro de los “Trastornos Depresivos” y cada uno de ellos cuenta con especificaciones y subtipos.
    Por tanto, los trastornos depresivos abarcan desde cuadros “aparentemente” leves o moderados pero de curso crónico hasta una clínica intensa, grave, invalidante y que compromete el funcionamiento del paciente en todas las áreas.

    En realidad, no, pero hay que hacer unas matizaciones. Los síntomas de ansiedad pueden acompañar a cuadros primariamente depresivos, y asimismo, cuando una persona sufre de ansiedad por un largo período de tiempo puede coexistir un estado de desmoralización que se asemeje a una depresión (que entonces llamamos secundaria).
    El error en considerar que se trata del mismo trastorno procede de esta imbricación de la sintomatología y también del hecho de que a nivel farmacológico muchos de los trastornos de ansiedad se benefician de un tratamiento farmacológico con antidepresivos.

    Si, las depresiones pueden curarse, pero para ello hay que realizar un tratamiento farmacológico (en la mayoría de los casos). Un cuadro depresivo sin tratamiento tiende a empeorar siendo su pronóstico desfavorable.
    Por otra parte, hay que considerar que dentro de los diferentes subtipos de depresiones existen algunas que tienden a repetirse, lo que obliga a un planteamiento terapéutico cuidadoso y especial. La mayoría de las recaídas de los trastornos depresivos tienen que ver con un incumplimiento incorrecto del tratamiento.

    Hay personas que padecen varios episodios depresivos a lo largo de su vida. Hay otras que han padecido un solo episodio y no han tenido recaídas posteriores.
    En el caso de sufrir una depresión de tipo recurrente, se debe seguir escrupulosamente el tratamiento para evitar dichas repeticiones. Por otra parte, la toma de medicación antidepresiva, a las dosis y durante un período de tiempo adecuados, así como la realización de psicoterapia en caso de necesitarla, evitaría en muchos casos una evolución tórpida hacia la cronicidad.

    En realidad son fármacos muy seguros, lo que no equivale a decir que estén exentos de efectos adversos. Por ello, la medicación antidepresiva (en realidad cualquier medicación) debe ser prescrita por el médico que entiende de la patología a tratar, en este caso el psiquiatra.
    El especialista debe conocer las características de los compuestos que prescribe, sus interacciones con otros fármacos y explicar cuidadosamente al paciente que posibles efectos secundarios puede percibir. Para ello, se establecerá una comunicación fluida y los adecuados controles periódicos.

    El mecanismo de acción de los antidepresivos (o sea su farmacodinamia) es diferente según el tipo de producto. En general, actúan promoviendo una mejora de la neurotransmisión, ya sea en el sistema serotoninergico o en el sistema noradrenérgico o en ambos.